Bolívar y su perro Nevado
Artículo
realizado por el equipo
de redacción de MascotAmigas
"El Libertador" Simón Bolívar,
tuvo dos compañeros
inseparables, el indio Tinjacá, y un hermoso perro
Mucuchíes llamado Nevado . . .
Mucuchíes, fundado en 1596, pequeño pueblo del Estado Mérida, a sólo 45 Km. de
la ciudad de Mérida, con sus altos páramos, vientos, cumbres nevadas, y casas
de piedra, recibió al Libertador Simón Bolívar en el año 1813, cuando realizaba
la que fue su Campaña Admirable.
Después de la batalla de Niquitao, el 2 de Julio de 1813, se dirigió El
Libertador a Mérida, donde permaneció durante 18 días, saliendo luego hacia
Mucuchíes. En su paso por el Páramo de Mucuchíes, concretamente en Moconoque,
una casa que estaba aproximadamente a 6 kilómetros de la villa de Mucuchíes, el
señor Vicente Pino le regaló al Libertador un hermoso perro de la raza conocida
como "Mucuchíes". Esta raza, es descendiente del mastín de los
pirineos; estos mastines fueron traídos al país por los sacerdotes que
fundaron la ciudad de Mucuchíes para que cuidaran los grandes rebaños de ovejas
que traían de España. Perros de gran tamaño, fuertes, inteligentes y hábiles
que defendían los rebaños de los depredadores, y con los cruces y el tiempo
llegaron a conformar la raza llamada Mucuchíes. El hermoso perro que recibió El
Libertador, se llamaba Nevado. Dice la historia, que era negro como el
azabache, las orejas, el lomo y la cola blancos, lo que hacía recordar la
cresta nevada de los páramos andinos, razón por la cual, le pusieron por nombre
"Nevado", como nevados eran los páramos. Vicente Pino se puso a las
órdenes del Libertador, le dió la información necesaria para llegar a la villa
de Mucuchíes, y además asignó al servicio del Libertador, a un indio mucuchero
llamado Tinjacá, que había sido criado por él, amaba a los perros, y además
conocía muy bien a Nevado.
Quiso Bolívar que alguien cuidara del perro, y quien mejor que Tinjacá, por lo
que le asignó este trabajo y de él aprendió Bolívar los silbidos para llamar a
Nevado. Los oficiales del Estado Mayor bautizaron a Tinjacá como el
"Edecán del Perro", quedando así sellada la unión del Libertador, el
indio y el perro, unión esta, que sólo terminaría con la muerte.
Cuentan que Nevado correteaba alegre al lado del alto caballo de guerra del
Libertador, y que le acompañó por las ciudades y campos de batalla, recorridos
en la gesta libertadora. En plena batalla, Nevado ladraba muy alto,
sobresaliendo sus ladridos por sobre el fragor de la lucha, como dando ánimo a
su dueño. Y cuando Bolívar entró triunfante a Caracas, recibiendo el aplauso y
la admiración de toda la ciudad, muchas de las flores que le lanzaban al
Libertador, le caían a Nevado, y dicen que Bolívar aseguraba que el perro
también merecía el homenaje de esas flores.
Así, vivió Nevado junto a su dueño muchas batallas, sitios, vida de campamento,
triunfos y derrotas, siempre acompañados por Tinjacá. Pero fue en la batalla de
Carabobo el 24 de Julio de 1821, cuando llegó la separación definitiva.
Después de la gloriosa batalla, que dió la libertad definitiva a su patria:
Venezuela, se acercaron al Libertador dos de sus soldados, en quienes El
Libertador, por la expresión que traían pudo adivinar que las noticias no eran
buenas. En efecto traían la noticia de que Tinjacá estaba mal herido, y también
Nevado. Bolívar lanzó su caballo al galope hasta el sitio en la llanura donde
le habían señalado que estaban sus dos compañeros. Al llegar, Tinjacá con
lágrimas en los ojos sólo pudo decirle:"¡ Ah mi General, nos han matado al
perro ... !"
Bolívar viendo a Nevado, ya muerto, tinto en sangre, no pudo decir nada. Cuenta
Tulio Febres Cordero, el historiador de Mérida, que en los ojos del Libertador,
brilló una gran lágrima de dolor...

Así,
se conoce al pueblo de Mucuchíes como el Pueblo de Bolívar, y en la plaza
Bolívar de este pueblo, como homenaje a esta gran amistad, se encuentra la
escultura del indio Tinjacá y el Perro Nevado, junto a Bolívar. Y desde allí
permanecen imperturbables, de cara a la cordillera Andina, que con sus
nieves eternas, es un mudo testigo de la Campaña Admirable y de la amistad sin
tiempo de un militar idealista, un indio fiel y un noble perro.